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Terra
La Coctelera

La culpa es de uno

Quizá fue una hecatombe de esperanzas
un derrumbe de algún modo previsto
ah pero mi tristeza solo tuvo un sentido
todas mis intuiciones se asomaron
para verme sufrir
y por cierto me vieron
hasta aquí había hecho y rehecho
mis trayectos contigo
hasta aquí había apostado
a inventar la verdad
pero vos encontraste la manera
una manera tierna
y a la vez implacable
de desahuciar mi amor
con un solo pronostico lo quitaste
de los suburbios de tu vida posible
lo envolviste en nostalgias
lo cargaste por cuadras y cuadras
y despacito
sin que el aire nocturno lo advirtiera
ahí nomás lo dejaste
a solas con su suerte
que no es mucha
creo que tenés razón
la culpa es de uno cuando no enamora
y no de los pretextos
ni del tiempo
hace mucho muchísimo
que yo no me enfrentaba
como anoche al espejo
y fue implacable como vos
mas no fue tierno
ahora estoy solo
francamente
solo
siempre cuesta un poquito
empezar a sentirse desgraciado
antes de regresar
a mis lóbregos cuarteles de invierno
con los ojos bien secos
por si acaso
miro como te vas adentrando en la niebla
y empiezo a recordarte.

Mario Benedetti

Manual para salvar el odio

Cuando ella o él te dejen, no perdones,
niégate a comprenderlo.
Cultiva bien tu odio, nunca seas
generoso en palabras o en olvido.
Cuando ella o él te dejen, nunca digas
adiós, o qué vamos a hacerle.
Maldice cada letra de su nombre.
Y júrale odio eterno mirándole a los ojos.
Cuando ella o él te dejen, nunca creas
ni justificaciones ni promesas
y busca las palabras más hirientes
el insulto más infame que conozcas.
Cuando ella o él te dejen, nunca juegues
a ser Rick perdido en Casablanca.
Provoca llanto, dolor, remordimientos
y que el adiós te corte igual que una cuchilla.
Porque cuando ella o él te dejan, habrá alguien
tarde o temprano esperando en otra esquina
y volverán a gozar en otros brazos
y dirán “te amo”. Y “ven, dámelo todo”.
Y olvidarán. ¿Para qué, entonces,
mentir? Que ella o él se lleven
“aunque dure bien poco” nuestro odio
igual que una bandera. Para siempre.
J. Cortázar

Amor

¡TODO ERA AMOR!

¡Todo era amor... amor!
No había nada más que amor.
En todas partes se encontraba amor.
No se podía hablar más que de amor.
Amor pasado por agua, a la vainilla,
amor al portador, amor a plazos.
Amor analizable, analizado.
Amor ultramarino.
Amor ecuestre.
Amor de cartón piedra, amor con leche...
lleno de prevenciones, de preventivos;
lleno de cortocircuitos, de cortapisas.
Amor con una gran M, con una M mayúscula,
chorreado de merengue,
cubierto de flores blancas...
Amor espermatozoico, esperantista.
Amor desinfectado, amor untuoso...
Amor con sus accesorios, con sus repuestos;
con sus faltas de puntualidad, de ortografía;
con sus interrupciones cardíacas y telefónicas.
Amor que incendia el corazón de los orangutanes,
de los bomberos.
Amor que exalta el canto de las ranas bajo las ramas,
que arranca los botones de los botines,
que se alimenta de encelo y de ensalada.
Amor impostergable y amor impuesto.
Amor incandescente y amor incauto.
Amor indeformable. Amor desnudo.
Amor amor que es, simplemente, amor.
Amor y amor... ¡y nada más que amor!

Oliverio Girondo

El desierto de tu cuerpo

He perdido la razón desde que camino por el desierto de tu cuerpo que me llena de sed, empiezo bebiendo de tus labios y camino por el caliente sendero de tu cuello, me acerco a las hermosas dunas que dibujan tus senos para dormir sobre ellas; por la mañana continuare mi camino hacia el oasis, pero corro el peligro de quedar atrapado por las arenas movedizas de tu ombligo, seguire y por la vereda de tus ingles me deslizaré para beber de tu oasis y así entender que la vida nace entre las piernas y que cada parte de tu cuerpo es esa hermosa patria en la que decidí exhiliarme para siempre.

Oliverio

El tren de la nostalgia

Me encuentro en este cuarto donde la soledad cohabita conmigo, la tristeza es una orden de cateo al alma, poco a poco me convierto en la puta del llanto; dispuesto a la hora que disponga para humedecer mis ojos.

El tren de la nostalgia parte a las 23:59 lamentablemente solo lo abordamos la soledad y yo, no conforme con vivir conmigo ahora viaja a mi lado, a todos lados.

Transpiro tu ausencia, aspiro tu distancia, poco a poco me arrincono lo más que puedo en esta habitación; el llanto no cede, me estruja el alma, me gustaría saber que de esta manera el dolor irá mitigando.

Me gustaría saber que tan solo cerrando los ojos tu imagen se borrara al abrirlos; no encuentro el momento de arrancarme el corazón para lavarlo de ti., no encuentro el momento de exfoliarme la piel para borrar las huellas de tus caricias.

No encuentro el momento para arrancarme los labios y así olvidar tus besos y el sabor que dejaste en ellos, no encuentro el momento para huir de esta ciudad y así no seguir el rastro de esta historia de amor.

Al final ni siquiera la muerte me aseguraría que te pueda dejar de amar. Ahora me encuentro en este cuarto tratando de vivir sin ti, soportando a cada segundo los ataques sin cuartel de los celos, la burla suspicaz de la esperanza y la agonía que representa el haberte perdido.

El tren de la nostalgia parte a las 23:59...

Oliverio

Nivel Etéreo

“El horror a la vida, el horror a sí mismo”
Kierkegaard

Maya se encontró de repente ante un instante eterno, perfecto, completamente etereo; sin la necesidad ni el egoísmo de la parte contraria, le resultaba increíble lo delgada que puede ser la línea entre ser y no ser, entre ser y pertenecer; hace algunos meses esa situación le sorprendería a tal grado de una crisis existencial.

Lo más difícil de la situación era el tener que guardar el secreto en lo más profundo de su alma, eso solo provocaba un cierto malestar en el corazón, el ahogar los te quiero frente a los demás, el tener que reservarse para el momento y lugar indicado, eso sonaba más a cobardía que a justificación; así lo demostraba ante la negación de las preguntas necias, absurdas e hirientes. ¿Cómo explicar un sentimiento tan simple cuando a la vista de los demás es tan difícil de entender?, quizá la dificultad se encuentra en las mentes prehistóricas de este mundo hipócrita y mezquino, falta tiempo para encontrarnos y reconocernos en los demás pero sobre en uno mismo.

El mundo no es mas que un instante de sexo; posiblemente y si es así cada poro es un volcán a punto de hacer erupción, cada seno es una montaña por escalar, cada vello es una selva por explorar, los labios son manantiales inagotables de ternura y las humedades son el mar profundo de secretos sin descubrir que se ahogan en cada gemido. Ahora se encontraba en el papel de ser explorada, nerviosa, excitada pero con la seguridad de sentirse por primera vez amada, ¿qué era este momento sino la eternidad convertida en un instante?; la eternidad se le ahogaba en un gemido apagado, sintió sobre su piel las manos suaves y bien cuidadas de su amante, la lengua que devoraba a cada milímetro su piel, deteniéndose por breves momentos sobre sus montañas erguidas agitadas por la respiración, cada minuto era un pedazo de alma desprendida por las caricias.

Al final comprendió que el cielo es azul, que el mar nace entre las piernas y ahí entre las sabanas descubrió la belleza de su tierna amante entre la decoración celestial de la recamara; suspiro profundamente, retiro lentamente la sabana, acaricio con ternura su silueta, la beso con pasión, ella despertó, se miraron fijamente firmando un pacto en donde el secreto más que una frustración era una lucha constante por mantener la eternidad de su lado en un nivel etereo.