“El horror a la vida, el horror a sí mismo”
Kierkegaard
Maya se encontró de repente ante un instante eterno, perfecto, completamente etereo; sin la necesidad ni el egoísmo de la parte contraria, le resultaba increíble lo delgada que puede ser la línea entre ser y no ser, entre ser y pertenecer; hace algunos meses esa situación le sorprendería a tal grado de una crisis existencial.
Lo más difícil de la situación era el tener que guardar el secreto en lo más profundo de su alma, eso solo provocaba un cierto malestar en el corazón, el ahogar los te quiero frente a los demás, el tener que reservarse para el momento y lugar indicado, eso sonaba más a cobardía que a justificación; así lo demostraba ante la negación de las preguntas necias, absurdas e hirientes. ¿Cómo explicar un sentimiento tan simple cuando a la vista de los demás es tan difícil de entender?, quizá la dificultad se encuentra en las mentes prehistóricas de este mundo hipócrita y mezquino, falta tiempo para encontrarnos y reconocernos en los demás pero sobre en uno mismo.
El mundo no es mas que un instante de sexo; posiblemente y si es así cada poro es un volcán a punto de hacer erupción, cada seno es una montaña por escalar, cada vello es una selva por explorar, los labios son manantiales inagotables de ternura y las humedades son el mar profundo de secretos sin descubrir que se ahogan en cada gemido. Ahora se encontraba en el papel de ser explorada, nerviosa, excitada pero con la seguridad de sentirse por primera vez amada, ¿qué era este momento sino la eternidad convertida en un instante?; la eternidad se le ahogaba en un gemido apagado, sintió sobre su piel las manos suaves y bien cuidadas de su amante, la lengua que devoraba a cada milímetro su piel, deteniéndose por breves momentos sobre sus montañas erguidas agitadas por la respiración, cada minuto era un pedazo de alma desprendida por las caricias.
Al final comprendió que el cielo es azul, que el mar nace entre las piernas y ahí entre las sabanas descubrió la belleza de su tierna amante entre la decoración celestial de la recamara; suspiro profundamente, retiro lentamente la sabana, acaricio con ternura su silueta, la beso con pasión, ella despertó, se miraron fijamente firmando un pacto en donde el secreto más que una frustración era una lucha constante por mantener la eternidad de su lado en un nivel etereo.